'Martina', la gata aristócrata persa

Después de convivir y crecer rodeada de perros y toda clase de animales silvestres en la casa finca de sus padres, Mónica de Jaramillo decidió tener como mascota a una gata de raza Persa con mucha personalidad y estilo.

Siguiendo la costumbre familiar, al nacer sus hijos Mateo y María Luna, Mónica no dudó en regalarles mascotas porque, para ella, al tenerlas los niños aprenden a ser responsables, a proteger, cuidar, compartir y a dar amor, sin contar con la alegría que para los pequeños representa contar con una.

Durante un tiempo, los Jaramillo vivieron en una amplia casa en Sabanilla que les dio la posibilidad de tener, primero a un Schnauzer, y luego perros grandes como el Doberman y el Rottweiler que tienen fama de ser agresivos, pero Mónica se apresura en asegurar que “el comportamiento de un perro depende mucho de la manera como se eduque”. También adquirieron un Golden Retriever.

Cuando los niños se convirtieron en adolescentes, Mónica y su esposo Carlos decidieron conseguir un apartamento en la ciudad, que aunque es amplio, no es el sitio ideal para los perros y decidieron dejarlos en la casa de Sabanilla para que estuvieran en completa libertad.

Luego de un tiempo de estar en Barranquilla, a María Luna le entró nostalgia por sus mascotas y sus padres entonces decidieron regalarle una hermosa gata Persa a la que llamaron ‘Martina’.

“Decidimos esta vez tener un gato por el espacio de la nueva vivienda y porque resultaba más práctico si hablamos de cuidados. Los gatos son muy independientes, no son demandantes, no hay que pasearlos, son buenos compañeros y vienen con el ‘chip’ de hacer sus necesidades en el arenero. A ‘Martina’, siendo aún una cachorrita, sólo le indicamos dónde estaba una sola vez y fue suficiente”, explicó.

Ella se pasea oronda, silenciosamente y elegantemente por toda la vivienda y sólo busca caricias cuando lo desea. Por eso Mónica asegura que ellos se han tenido que acomodar a su temperamento y no al revés. “Cuando me siento por las noches a trabajar ella se sienta a mi lado. Los gatos son muy buenos compañeros en el silencio. Quienes prefieren a los perros, es porque les gusta educar y aquí tenemos espacios para ambas ‘personalidades’”.

A 'Martina' –ya de 6 años- la acompaña en casa un pequeño Shih-Tzu llamado ‘Baruch’, nombre de uno de los filósofos favoritos de Mónica, y ambos se llevan bien. Cada uno respeta su espacio, sobre todo Martina que es quien impone las reglas de la convivencia pues como buena Persa, es la ‘princesa’.

Revista petLovers Caribe

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EDITORIAL

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